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La Biblioteca Nacional de Bolivia (BNB) tuvo como antecesora directa a la Biblioteca Pública de Chuquisaca, fundada en julio de 1825, en momentos previos a la creación de la República de Bolivia (agosto 6 del mismo año). Sus promotores principales fueron el Mariscal Antonio José de Sucre, Jefe del Ejército Libertador y el General Andrés de Santa Cruz, Presidente o Prefecto por entonces del departamento de Chuquisaca. Este primer impulso institucional que tuvo lugar en la futura capital de la República (Sucre) para fortalecer las ideas de la Ilustración, recibió simultáneamente el apoyo de otros protagonistas bolivianos descollantes de aquella época, como fueron, Casimiro Olañeta, José Mariano Serrano, Mariano Enrique Calvo, Mariano Calvimontes...

Instalada en el Palacio Legislativo de la ciudad de Sucre con una infraestructura incipiente -aspecto común a las otras instituciones que por entonces empezaron a surgir en la nueva república-, los primeros fondos bibliográficos de esta Biblioteca (clásicos griegos, latinos, españoles y franceses, libros sobre ciencias y artes...) fueron adquiridos por encargo expreso del Mariscal Sucre en Buenos Aires. A estos recursos bibliográficos se sumaron luego los libros dispersos recogidos de los antiguos conventos (dominicos, agustinos, jesuítas...) que en la época colonial, iniciada en el siglo XVI, habían formado magníficas bibliotecas en la ciudad de La Plata junto a otras particulares de no menor importancia. Los libros Antiguos, Raros y Curiosos (incunables algunos de ellos) custodiados actualmente en la Biblioteca Nacional, como es el caso entre otros de la tercera parte de la Summa Teológica de Santo Tomás de Aquino (año 1493) proceden, en su gran mayoría, de este rico acervo bibliográfico colonial. Los libros, adquiridos y remitidos luego a Bolivia desde Francia, en 1836, por el Ministro Plenipotenciario, Dr. Casimiro Olañeta fueron, por su parte, los otros fondos bibliográficos que ingresaron pausadamente, en distintas épocas, a la Biblioteca Pública de la ciudad de Sucre. Tuvo como primer director al canónigo doctor Agustín Fernández de Córdova.

En la década de 1870 empieza a ser reconocida como Biblioteca Nacional y sus funcionarios comenzaron a ser llamados ocasionalmente bibliotecarios nacionales. Aparece oficialmente con esa denominación en un Decreto Supremo de 19 de junio de 1872.

Simultáneamente, mediante Decreto Supremo de junio 30 de 1838, el Presidente Andrés de Santa Cruz ordenó en Bolivia el establecimiento de bibliotecas públicas en las capitales de departamento y de las provincias Litoral y Tarija. A partir de entonces, se establecieron en el país normas para su funcionamiento y rentas especiales para incrementarlas con fon­dos bibliográficos actualizados. Asimismo, se impuso que los administradores de imprentas enviasen a estos centros bibliográficos un ejemplar de todos los libros, opúsculos, periódicos y otros materiales impresos en sus respectivos establecimientos.

Como conse­cuencia de múltiples factores internos y externos, tales como la aguda cri­sis minera y la conflictiva situación internacional que empezó a vivir Bolivia con los estados vecinos, el país ingresó durante los primeros años republicanos a una etapa caracterizada por diversas contingencias históri­cas, esta situación se extendió hasta aproximadamente 1880, año en que, por efecto del auge de la minería de la plata resurgió en el país un impulso favorable para el desarrollo de las instituciones bolivianas.

Los efectos más considerables de este cambio institucional se apreciaron, sin embargo, con mayor intensidad en los inicios del siglo XX (período caracterizado por el auge del estaño y por los arreglos bélicos con Chile y Brasil), cuando la BNB resultó beneficiada con el ingreso de colecciones bibliográficas y documentales de extraordinaria importancia para el país, como fueron las colecciones de Gabriel René-Moreno y Ernesto O. Rück (la cual a su vez contenía la Colección del bibliógrafo Samuel Velasco Flor).